Lenguaje, eres demasiado estrecho, y demasiado débil para consolarnos; la aflicción extrema no puede hablar. ¡Si pudiéramos suspirar acentos y llorar palabras!; la angustia que otorga respiro a las lágrimas, se consume y aminora. Los espíritus tristes, cuando menos lo parecen, más tristes están (así los hombres más culpables son los más mudos ante el tribunal), no por que no conozcan ni sientan su estado, sino porque el extremo sentimiento los ha vuelto desesperados. Dolor, a quien debemos todo lo que somos; tirano, en la quinta y máxima Monarquía: ¿la mataste porque ella poseía todos los corazones, para hacer así grande aún tu Imperio? ¿Sabías que hasta quien no la conocía se lamentaría, como cuando en un diluvio perecen los inocentes? ¿No te bastaba ganar ese palacio? ¿Debías arrasarlo, después de vencido? Si te hubieras quedado, si hubieras considerado sus ojos, todos los que ahora huyen de ti te habrían adorado; porque esos ojos dejaban salir más luz que la que recibían; o veían el alba, porque la producían. Ella era Zafirina, y clara ante ti; la arcilla, la sílice y el azabache son ahora tu recinto adecuado.
Ay, ella era demasiado pura, pero no demasiado débil; ¿quién vio una artillería de cristal que no se rompiera? Y si nosotros constituimos tu conquista, con su caída has perdido tu objetivo, pues con ella perecemos todos; si vivimos, sólo vivimos para rebelarnos: ya lo conocen mejor quienes la conocían bien. Si debiéramos evaporarnos, y languidecer, y morir, ya no sufriríamos, porque íbamos tras de ella. Ella cambió nuestro mundo por el suyo; ahora que se fue, la alegría y la prosperidad parecen opresiones; pues suyas eran todas la virtudes que la Ética llama cardinales. Su alma era el Paraíso; la gracia era el querubín que la guardaba, y alejaba el pecado; sólo debía dejar entrar a la muerte, pues todos cosechaban la destrucción en el mismo árbol fecundo.
Dios se la llevó para que ninguno de nosotros la amara más que a Él, o a Sus leyes; y mientras vertíamos lágrimas, Él vertía cielo, donde ella está ahora. Si sus virtudes le hubieran permitido quedarse, tendríamos una Santa; ahora en cambio, tenemos una fecha más en el Santoral.
Su corazón era aquella extraña rama donde el fuego sagrado, la religión, no consumía, sino inspiraba tal piedad, y tan casto empleo de los días de Dios, que cuando nos disponíamos a celebrar, ella se disponía a rezar. Y así prefiguraba, en devota inclinación el resto de su alto Sabat, que ya no tendrá fin.
Los ángeles que la raptaron eran los más próximos a Dios (pues ella pertenecía a la orden de donde más ángeles cayeron): nos dejaron su cuerpo, porque algunos dirían que ella no podía morir, mientras no la vieran muerta; con menos virtud y menos belleza los gentiles crearon a sus dioses y a sus diosas. La codiciosa tierra que ahora pretende verla en tierra convertida, será una nueva Lemnia; y el árbol que envuelve ese cristal en un sarcófago de madera, será hallado intacto y lleno de diamantes; nosotros, sus alegres y tristes amigos, nos repartiremos una porción de dolor: porque ese dolor, entero, destruiría el corazón de un estoico.
Poetas líricos en lengua inglesa, Estudio preliminar de Silvina Ocampo, ed. Océano, Barcelona
Traducción de J. R. Wilcock
Retrato: John Donne by Isaac Oliver
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