Sostengo que lo característico de esta época es una ansiosa credulidad. Los mezquinos hechos políticos, me dejan absolutamente deprimido. Después del proceso 8.000 con toda su carga de ignominia, vino la farsa del congreso ante las leyes anti narcos. Una vergüenza. Y lo peor: no se advierte una voz con autoridad y respaldo popular que denuncie esta devaluación moral de Colombia.