Una gota de sudor frío recorre tu frente y se te encienden las mejillas. Te tiemblan las manos. Sientes cómo tu corazón late a toda velocidad. Carraspeas, pero tu voz se quiebra. El pánico escénico te bloquea.
En tu cabeza, tratas de mantener una conversación silenciosa con tu subconsciente: "Todo va a ir bien", te dices. Pero no te lo crees. Te da miedo quedarte en blanco, hacer el ridículo.