Hay veces en que la polémica surge sin sentido cuando a veces nada tiene sentido sobre unas declaraciones correctas que se intentan polemizar. Me refiero a la entrevista que un compañero de prensa ha hecho a Iván Rosado, ex jugador del Recreativo de Huelva. Cuando dos comentarios me dijeron que la entrevista traería polémica, me sumergí en la entrevista para leerla dos veces desde la primera letra hasta la última.
No vi polémica por ningún lugar, ni respuestas perjudiciales para nadie. Todo lo considero correcto. No vengo a analizar en este editorial si estoy de acuerdo o no con todo lo que dice. No es ese el tema. Digo que las declaraciones son correctas.
Por lo tanto, no sé el porqué de tanto revuelo con un comunicado incluso de Cándido Rosado, entrenador del equipo B en el que se aparta de todas las declaraciones de su hermano Iván.
Creo que esto es más sencillo de lo que parece, porque aunque Iván hubiese sido crítico con alguna gestión burocrática o deportiva, debe ser asumida desde todas las vertientes. El ex jugador del Recre como cualquier aficionado, tiene legitimidad para hacer una crítica en cualquier momento que surja. Esto es de las cosas buenas de un régimen de libertades en el que vivimos.
Pero vuelvo a insistir en que en esa entrevista, Iván no ha metido la pata como se quiere hacer ver. Al Cesar lo que es suyo y al que es crítico respetarle.
Lo justo es que la tempestad pase y que sepamos asumir que todo aquel que se encuentra en el ojo público, está sometido a la crítica y al aplauso. Lo malo de todo esto y por mis muchos años de experiencia, es que cuando uno hace una oda alabando a alguien nadie te llama para darte las gracias. Sin embargo cuando haces una crítica negativa de un jugador, un político, un entrador o un presidente, ya eres un tipo desagradable.