El pueblo de Dios no tiene ningún derecho a organizar una iglesia sobre fundamentos que no sean los que gobernaron las Iglesias en el tiempo del Nuevo Testamento. Una institución cuyas enseñanzas o gobierno sean contrarios al Nuevo Testamento sin duda no es una iglesia bíblica. Por tanto, si Dios lo ha considerado de suficiente importancia colocar entre las páginas de inspiración, lo que es una iglesia, entonces debe ser importante para cada creyente estudiar lo que está escrito, y someternos a su autoridad y conformarnos a su conducta. (A.W. Pink)