Cuando la evidencia es abrumadora o el engaño está confirmado, existen tres posibilidades:
Si la fidelidad es un principio no negociable, hay que tomar cartas en el asunto y no resignarse a los cuernos, así sean pequeños. ÀQuŽ
hacer? Defender el bienestar de uno mismo y el de los hijos (si los hubiera) y no regodearse en el masoquismo afectivo asumiendo el papel de mártir. Hay que actuar, visitar un abogado, un cura o un psicólogo, hacer una asamblea familiar, en fin, sacudirlo todo.