Como ya hemos puesto de relieve, toda idea tiene su origen en la mente del que la piensa. Lo que se extiende desde la mente, por lo tanto, se encuentra todavía en ella, y la mente se conoce a sí misma por lo que extiende. La palabra “conoce” está usada correctamente aquí porque el Espíritu Santo, mediante Su percepción imparcial, guarda todavía el Conocimiento a salvo en tu mente. Dado que Él nunca ataca, no obstaculiza la Comunicación de Dios. Por lo tanto, el estado de ser nunca se ve amenazado. Tu mente, que es semejante a la de Dios, jamás puede ser profanada. El ego nunca fue parte de ella ni lo será nunca, pero a través del ego puedes oír, enseñar y aprender lo que no es cierto. Te has enseñado a ti mismo a creer que no eres lo que eres. No puedes enseñar lo que no has aprendido; y lo que enseñas lo refuerzas en ti al compartirlo. Cada lección que enseñas es una lección que tú mismo estás aprendiendo.