Acostumbrados al cliché revolucionario y a un cierto modelo de activista de extrema izquierda que desde 1968 se impuso en el movimiento feminista, resulta difícil entender que la mayor parte de las mujeres que han luchado en España por la igualdad de los sexos no han sido feroces incendiarias sino pacientes reformistas que no creyeron que las mujeres eran mucho mejores o mucho peores que los hombres, pero que hicieron lo posible para mejorar su condición social. Y pocos ejemplos más claros de este tipo de intelectual y ciudadana que el de Josefa Amar y Borbón, sin duda la figura feminista más importante de siglo XVIII español.