Las primeras luces vuelven a trasladarme a la realidad; la claridad de la mañana escribe la combinación que abre un nuevo día, y me gusta pensar que no es uno más, es especial. Te imagino al borde del andén esperando a subir en esta vieja locomotora, llevando como único equipaje un bolígrafo y un papel para tomar nota de algunas de las propuestas que te ofreceremos en las dos horas que estaremos juntos sin movernos de este punto del dial y a la vez fugándonos a lugares que no pueden ofrecerte otras estaciones. No dilatemos más este principio; pongámonos en marcha. Soltamos frenos.