A veces caminamos por la vida como pasajeros de nuestra propia historia, viendo pasar los días entre pantallas y sonidos que no nos pertenecen. Nos dejamos arrastrar por la velocidad de un mundo que promete todo y nos entrega apenas destellos, fragmentos de lo que creemos desear. La ilusión de control se disuelve entre notificaciones, “me gusta” y algoritmos que deciden qué escuchamos, qué vemos e incluso qué sentimos.
Pero aún queda un lugar donde la realidad se transforma en algo que olvidamos al despertar: un sueño o una pesadilla donde el presente se sostiene sobre acordes y palabras que no se pueden programar ni simular para crear emociones… y, a veces, un nuevo apetito musical.
En La Próxima Estación, nos deshacemos de la ansiedad, dejamos atrás los guiones impuestos y nos arrojamos a lo inesperado. Abrimos las puertas de un nuevo viaje sonoro, donde un puñado de bandas nos recordará que todavía podemos sorprendernos, aun cuando viajamos en medio del ruido.
Soltamos frenos.
De esta forma comenzábamos el capítulo 281 de La Próxima Estación, con la misma ilusión —o incluso mayor— que la del primer día. Reuníamos un puñado de bandas con las que hemos creado un programa capaz de hacerte cuestionar tus cánones musicales.