Me escribe un viejo amigo, mi más antiguo amigo. ¿Cómo te va?, pregunta. Juntos puyamos hormigueros en la primaria. Los recreos eran para recorrer el patio del colegio, haciendo filosofía especulativa.
Ha pasado medio siglo desde eso y medio año desde que conversamos por última vez. Entre pandemia y encierro pregunta por mi bienestar y comenta: «viendo con tristeza los estragos que hacen esas turbas en USA y derribando hasta monumentos». Entramos en debate.