La historia de Hamburgo ante el cólera ha sido contada antes. Pero vale la pena repasarla. En 1842, un incendio arrasó la ciudad medieval. Presentó la oportunidad para que William Lindley innovara en el manejo del agua y desagües de la ciudad copiando el modelo de su natal Londres. La riqueza de la ciudad renovada se tradujo en cloacas que hasta podía navegar el káiser sin pincharse la nariz.
Pero nada dura para siempre y en su éxito la ciudad sembró la futura catástrofe. Desde la lejana Bengala, territorio que hoy se reparte entre Bangladés y la India, avanzaba el Vibrio cholerae con los comerciantes que transitaban rutas marítimas de té y especias.