La semana pasada fue ejemplar. Empezó con lavado de dinero, siguió con irrespeto a la vida y terminó con engaño. Las noticias no podían ser más representativas. Primero Acisclo Valladares, exministro de economía y exdirector de la telefónica Tigo, fue encausado ante una corte federal en Miami. El gobierno de los EEUU lo señala de colaborar en el lavado de dinero del narcotráfico. A él la plata le servía para comprar voluntades en el Congreso y conseguir una «Ley Tigo» a la medida de su empleador. El origen lo tenía sin cuidado. Mientras tanto, Acisclo Valladares padre (nada innovadores, en nombres como en política) lo defiende en medios y redes. Poco importa que como embajador ante el Reino Unido haría bien en callar y esperar. Y Alejandro Giammattei no se da por enterado de las andanzas de su representante diplomático.