Cada vez que decimos algo colapsamos múltiples futuros posibles en uno solo: de todas las oraciones que podríamos decir construimos una sola. Así ponemos el punto de partida del universo que habitaremos en adelante.
Eso que sucede con el lenguaje también pasa con la acción. La mayoría del tiempo no nos damos cuenta: cada expresión y cada conducta es una bifurcación mínima entre lo que pudo ser y lo que será, sus consecuencias invisibles hasta que pasa el tiempo.