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Una leyenda afirma que el 20 de septiembre el diablo se aparece en el castillo de Trasmoz, en las legendarias tierras del Moncayo, entre Soria y Aragón.
Y allí que me planté ese mismo día, dispuesta a encontrarme cara a cara con el Señor de las Sombras. No os voy a mentir, no lo encontré, pero si que encontré un pueblo y un castillo plagado de brujas y de leyendas.
Dice la leyenda que el castillo fue construido por un nigromante, que tras pacto con el rey moro de Tarazona, levantó sus muros en una sola noche conjurando los elementos, los gnomos y los espíritus invisibles.
Más realista es la historia que atribuye al sacristán de Tarazona Blasco Pérez la fabricación de moneda falsa entre sus muros, y para protegerse de las miradas curiosas, divulgo todo tipo de historias terroríficas sobre encantamientos y brujas.
No obstante, está bien documentada la historia de varias brujas que habitaron el pueblo, mujeres que maldecían, y echaban mal de ojo, a quienes se les atribuían las desgracias en las cosechas, plagas y enfermedades. La más famosa, quizá por ser la última de la que se tienen noticias, fue la Tía Casca que fue despeñada por el pueblo en el año 1850 acusada de brujería. Se decía de ella que tenía el cabello enmarañado a jirones, y se le enroscaba alrededor del rostro. Bécquer aseguraba que el barranco donde fue arrojada estaba hechizado y convenía no seguir la senda que conducía hasta él pues su alma erraba en pena y no era querida ni por Dios ni por el Diablo.
Antes de este episodio el poeta andaluz confirma la celebración en el castillo de Trasmoz de conciliábulos de brujas, preferentemente los sábados de madrugada se reunían para volar con sus escobas y prácticas ritos perversos. La imaginación popular no tenía límites, y se decía de ellas que sacrificaban a niños recién nacidos para prolongar su jovialidad y retrasar su envejecimiento, o que disfrutaban provocando tormentas, esterilizando jóvenes parejas o anegando los campos de langostas.
Otra leyenda nos cuenta el intento del párroco Mosén Gil el limosnero de exorcizar el lugar y así expulsar a las brujas de Trasmoz, y que por desgracia no fructificó por la respuesta de estas a través de los encantos de su sobrina Dorotea, también bruja.