Mariluz Avestruz tiene una magnífica cola. Por la noche, para no aplastarla duerme con la cabeza enterrada y con la cola al aire libre. Una mañana, al despertar, estira el cuello y siente que su cabeza no se mueve. Mariluz patalea, dobla las rodillas, menea la cola y tira, tira, y tira… pero su cabeza está atrapada y de ahí no se mueve. Si quiere soltarse, no tendrá más remedio que pedir ayuda.
Fábula de Rachel Chaundler & Bernardo Carvalho, con reminiscencias de aquel antiguo cuento de Alexei Tolstoy en el que un viejo granjero encuentra un nabo gigante y necesita la colaboración de los demás para arrancarlo, en Mariluz Avestruz queda claro que el poder para cambiar las cosas se logra mediante el trabajo en equipo. Pero Mariluz aprenderá también que la luz del día es mucho más importante que su hermosa cola, y ya no olvidará que solo un avestruz muy tontorrón pasa la noche en esa posición.