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EN BLANCO

Había una vez un país no muy grande
cuyos ciudadanos estaban muy enojados
con el sistema que les regía y
con quienes tan a la ligera los dirigían.

En él sobrevivían muchos más de los que debían,
malvivían otros tantos que ya ni se veían,
y sólo con los dedos de tu mano
contabas los que alegremente vivían.

Sobra decir y por eso no se refleja,
esos que manejaban los hilos
y que tiraban de ellos según su conveniencia.

En este lejano país ocurrió un día
que hubo de nuevo que elegir
a sus honorables gobernantes
que les salvarían de la indigencia.

Tras muchos discursos de todos sus representantes
llegó el tan esperado día ,
y todos sus ciudadanos sin excepción
depositaron su libre elección.

Cuando llegó la noche todo fue un completo caos,
nadie se atrevía a informar sobre lo que acontecía;
así que pactaron numerosos decretos
y buscaron a los rebeldes perturbadores
que truncaron sus planes con alevosía.

Ocurrió que tras el recuento minucioso
de las papeletas de sus conciudadanos ,
el resultado vino a ser que casi todos ellos
no eligieron a ninguno de sus imponentes dirigentes,
por lo que sólo contabilizaron votos en blanco.

Sucedió muy deprisa,
buscaron ciudad por ciudad,
pueblo por pueblo,
calle por calle
y casa por casa.

Buscaban a la persona que convenció al resto
de que no eligiesen a ninguno de sus respetables candidatos,
y buscaban cualquier resquicio de ilegalidad
que hubiera sido infringido.

Resultó que no encontraron a nadie que poder culpar,
tan sólo a una señora que a sus ojos era distinta ,
y pensaron: ya tenemos a la rebelde subversiva.

Con el nuevo decreto pactado
les fue fácil retirar a esta insumisa perturbadora;
la acusaron de sedición y rebelión,
y mostraron al país que ella fue la causa
del nefasto resultado de sus dignas votaciones.

Informaron a la semana siguiente
que de nuevo habría que elegir
a sus respetuosos gobernantes,
y que no permitirían nuevas rebeliones.

Más de nuevo volvió a ocurrir
que todos sus ciudadanos volvieron a coincidir,
y no pudieron elegir
a ninguno de sus aduladores y solemnes candidatos.

Esta vez fue bien distinto a como antes,
y cuando buscaron no pudieron entrar en las ciudades,
ni en los pueblos ,
ni tampoco en las dignas casas
de cada uno de sus habitantes.

No se les permitió entrar ,
porque en esa semana ellos se percataron
que igual que aquella señora eran ellos,
y que podrían también ser acusados
de sedición y rebelión.

Así que entonces sí que se unieron
y no consintieron que en sus casas entraran,
con vanas promesas que sin duda incumplirían,
con sus decretos a golpe de falsa democracia,
con sus leyes de humanidad imaginaria,
con sus preceptos, legislaciones y ordenanzas
que les habían llevado a la vida más indigna.

Ellos fueron desde ese día
quienes gobernaron sus vidas,
en las que no había tantas leyes
ni tan fingida y falsa democracia.

Y desde entonces viven todos ellos,
y no malvive ni sobrevive ningún vecino,
porque tras lo ocurrido
se ven a sí mismos iguales.

Y si os preguntáis,
¿ dónde se encuentran pues,
aquellos que tanto prometieron
y nada cumplieron,
y que tanto daño les hicieron?.

Sólo os puedo decir que ese mismo día desaparecieron,
y que no volvieron jamás a verlos de nuevo,
porque a un país entero era imposible acusar
igual que hicieron con aquella señora de sedición y rebelión
y porque ¿quién los protegería a ellos en esa situación?.

No obstante, os diré que tengáis cuidado,
porque estos mismos que se esfumaron
de este país narrado,
pululan por todos los rincones
y no quieren perder sus ansiados sillones.

La Rambla, a 26 de noviembre de 2013.