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LA CAJA

A veces llueve en verano,
y en invierno hace calor,
igual que te sientes solo
cuando hay tanto a tu alrededor.

Nada es lo que parece
ni lo que pretendió nunca ser,
sólo es evidente lo que tú seas capaz
de lograr en tu vida hacer.

Te lamentas aunque ya tarde
de la suerte que tuviste,
sabiendo que el destino no existe
y que anduviste por el camino que elegiste.

Durante algunos años te dedicaste
a observar y no opinar,
a no opinar y a escuchar
a los que en una caja cuadrada
se supone que te informaban.

Aunque no sufras más por ello,
no eras tú sólo quien dejaba
que los días pasaran
siempre al lado de esa eterna caja cuadrada.

Igual que tú existen muchos
que aún no se han percatado
del peso tan pesado
que arrastran en su caminar.

Es un invento de esta vieja humanidad,
la que aprendió a dominar
con mucha sabiduría
a todo el personal.

Nos sentamos en nuestros bonitos sofás,
no sin antes tener otro artilugio en la mano
para no tener que levantarnos.

En la caja cuadrada que se hizo hace mucho tiempo ya
se supone que para informar,
te dicen con mucha calma y dulzura
cómo has de llevar tu afanosa y respetable vida.

Te quedas perplejo, porque sabes que todo es mentira,
pero aún así, sigues sentado en tu inmenso sofá,
sin retirarte ni para la comida masticar.

Hace tiempo ya que perdiste la capacidad con la que naciste,
quiero decir, que ya te es imposible pensar y razonar,
todo aquello quedó a buen recaudo en un gran desván.

Pero no debes conformarte,
tienes que luchar,
luchar por recuperar
lo que dejaste que te robasen
en aquel oscuro desván.

No es tan difícil, no creas que es inalcanzable,
solamente tú eres capaz de subir a ese gran desván,
y recuperar de nuevo tu felicidad.

Y digo felicidad, porque imagina cuando mañana
te sientes en tu preciado sofá,
a compartir las risas y llantos de los que siempre a tu lado están.

Te invito a sentarte en mi viejo y ajado sofá,
que aunque no es tan grande como el tuyo
seguro que sin duda no te querrás levantar.

Hace tiempo , mucho ya ,
dejé de sentarme en sofás blancos y esponjosos
de los que te nublan la vista y lo ves todo borroso,
ahora me siento donde considero que es mi lugar,
en mi viejo sofá ajado pero con mucha libertad para pensar.

La Rambla, a 12 de noviembre de 2013