Nos reunimos una vez más, para celebrar (y no sólo recordar) la entrega de Jesús por nosotros: «Cada vez que coman de este pan, anunciarán la muerte del Señor hasta
que vuelva» (1Co. 11,26). Esta realidad hace que en nuestras dificultades y preocupaciones encontremos la fuerza del Señor en nosotros. El cristiano encuentra
persecuciones en algunos casos, pero padece el miedo al ridículo en muchos más. Y retrocedemos ante ese miedo, pecamos al no dar testimonio de nuestra fe.
La Palabra de Dios nos va a decir hoy que podemos elegir entre vivir dulcemente nuestra vida, ahogando en nosotros las exigencias del mensaje de Jesús, o seguir la
huellas de Cristo que contienen los estigmas de la cruz.