Este calor es insoportable. Son las dos de la mañana y el ventilador sólo atina a despeinarme. El refrigerador ronronea y los gatos se refugian en la azotea. Un aire caliente se cuela por la ventana y me trae oleadas de humedad pegajosa como estos recuerdos que no me dejan dormir tranquilo. A la guitarra se le ha roto una cuerda y las canciones me salen incompletas. Esta madrugada es un paisaje desolado, un infierno postergado, una sombra acechante en el callejón, una puerta hacia ninguna parte, un túnel de tristezas, una almohada que huele al perfume de la ausencia, una sirena de alarma. Mi retrato en el buró me recuerda que el vacío es la distancia entre mi pellejo y los huesos. Cómo carajos no saltar al abismo cuando el vértigo te mueve el piso. Esta madrugada es una broma de mal gusto, las gotas de sudor en el cuello, un bochorno que no cesa.