Eternos viajeros que se consuelan deshaciendo las maletas en cada tránsito.
Acampando a la orilla de cada experiencia, lanzando por la ventana las sobras de las derrotas.
Migrantes con plan de pensiones, migrantes con hipotecas, migrantes en las colas del paro, del supermercado, de las loterías, del concierto, del fútbol.
Migrantes con hora en la peluquería, migrantes con derechos heredados y deberes sin sembrar.
Migrantes de diseño, migrantes con las alas atadas al presente, reloj parado y un ataúd a la vuelta de la esquina, con sus flores de plástico y un epitafio:
“Has perdido la oportunidad de ser”.