La lluvia, escucha la lluvia caer.
Abrázate más a mí.
Es fascinante ¿verdad?,
algo tan sencillo y tan hermoso a la vez.
Oir caer la lluvia delante de nosotros,
su repiqueteo sobre las baldosas
y tú y yo sentados, juntos, abrazados.
Bésame, ¡qué maravillosa sensación!
Apoya tu cabeza en mi hombro,
así, mientras miramos la lluvia caer.
La tarde empieza a desaparecer
tras las nubes que se deshacen
salpicándonos la planta de los pies.
Ven, acurrúcate sobre mi,
Que no te asusten los relámpagos,
solo avisan de que su cálida luz
quiere dormir en tus ojos.
Qué felicidad tenerte así, tan cerca.
Tus labios enrojecen con la lluvia,
y tus pupilas brillan más aún
que el mismo sol que la lluvia oculta.
La lluvia, ah, la lluvia,
gotas brillantes, transparentes,
bolitas tristes de cristal
que mueren ante nuestra mirada.
Una tras otra, y otra y otra,
se suicidan sobre las baldosas
de nuestros corazones unidos...
Dame tus manos, ¡están frías!,
déjame que las cubra de calor.
Ah tu pelo, tu pelo mojado
despide mil destellos azules.
Te tiemblan los labios, rojos,
emocionados de ver tanta belleza,
cubiertos por la lluvia de tus lágrimas.
La lluvia, ah, la lluvia...
mira como rebota en mis manos abiertas,
mira como juega, resbala, cosquillea
por mis brazos, por mis dedos
hasta los trémulos límites de tu boca.
La lluvia, cayendo de tus ojos tristes,
de tus ojos dulces,
de tus bellos ojos enamorados.
La lluvia, qué hermoso espectáculo, amor.
Mirémosla morir sobre el suelo,
juntos, solo una vez más,
antes de que te la lleves contigo,
y nunca vuelva mi corazón
a besar la lluvia que cae de tu cielo.
Autor: Raúl Tamarit Martínez
Música: Ikuko Kawai-Rain