Me obnubiló tu vientre desnudo
oleando en la penumbra,
y una luz de neón parpadeando
alrededor de tu cintura.
¡Del color de la avellana
se me llenó toda la boca!
Quise hablarte de futuro.
¡Pobre ingenuo, te equivocas!
Aún me arde en los labios
una extraña y dulce amargura
desde que la oscuridad se fue
y lo inundó todo la aurora.
Pero me queda algún testigo:
¡mis brazos abrasados
como de un incendio las ramas,
que quise atrapar a un sueño,
y me estalló tu cuerpo en llamas!
Raúl Tamarit Martínez