Valladolid y yo, nos adentramos en el buque y todo a nuestro alrededor nos hacía vivir una constante aventura, donde nosotros éramos los protagonistas. Teníamos una hora libre y la empleamos en recorrer palmo a palmo el entramado de cubiertas, sollados, pañoles y cualquier escondido lugar en el que pudiésemos adentrarnos.
Ante nuestro inquieto deambular todo nos parecía interesante, aunque he de decir que a nosotros cualquier rincón nos transmitía esa nostalgia de tiempos pasados en los que el Galatea navegaba. Imaginábamos como sería el velero moviéndose sobre las olas. Cómo sería recorrer la arboladura y trepar agarrados a los cabos por esa jarcia imponente que comunicaba la cubierta con lo más alto de los palos.......