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Description

Siempre hay alguien que nos saca de quicio. Alguien capaz de ponernos de mala leche en sesenta segundos. Seguro que solo leer esta frase os ha venido a la cabeza: ese conocido tan pesado que nos puede torcer el día, el jefe que llega siempre con carga de trabajo en el momento de descuento, el compañero de curro del planeta Raticulín con el que es materialmente imposible entendernos. Esa persona que prácticamente sin quererlo nos genera un cúmulo de emociones desbocadas en un abrir y cerrar de ojos, capaz de desatar la tormenta perfecta cuando la mar estaba en calma.