Y de pronto te sorprendes diciendo una gran sandez. Una tontería como la copa de un pino. Una gilipollez, vamos. Y casi hasta te ruborizas. Te sonrojas y piensas, “menuda chorrada acabo de decir”.
Nos ha pasado a todos en diferentes momentos de la vida. Te sorprendes diciendo algo que jamás habrías dicho. Algo que quizá no sientes, ni piensas. Un lugar común.