Si alguien se para a pensar en las nuevas formas de esclavitud, es muy probable que le venga a la cabeza las condiciones de las empleadas de hogar, especialmente si se trata de mujeres inmigrantes. Ejemplo: la cuidadora de una mujer enferma que vivĂa sola trabajaba 101,5 horas semanales, sin descanso diario, ni festivos ni fines de semana, con menos de 10 horas de descanso nocturno y todo ello por 866,67 euros mensuales.