Desde hace más de un siglo el poder real en la Argentina está en manos de aquellos que concentran en sus manos el manejo económico. Y ni los militares ni los civiles hicieron otra cosa que seguir sus mandatos, acrecentar sus ganancias y sumirnos a todos en esta decadencia imparable en la que vivimos. Aquellos que se animaron a enfrentarlos terminaron eyectados del poder, empujados por golpes o por puebladas dirigidas desde esos mismos centros de decisión. Un drama recurrente y sin una solución a la vista.