Adiestrar la mente es como ir al gimnasio a adiestrar un músculo, paramos, nos tomamos un tiempo para nosotras, y la mente poco a poco irá aquietando su parloteo infinito. En su naturaleza está no parar, en sacarnos una y mil veces del ahora, y nosotras con amabilidad, como si tratáramos con un niño pequeño, con amor infinito, la vamos trayendo una y mil veces, y volvemos la atención a nuestra respiración.