Cuando unos se distrae con las cosas efímeras del mundo se identifica con un sistema de pensamiento separativo (el ego) que compite por acumular y asegurarse sustitutos a su dolorosa sensación de soledad (grandiosidad); más ésta jamás puede saciarse debido a su insidiosa sensación de fragilidad y pequeñez que no tiene suficiente con nada de lo que consigue. Por eso, tan sólo ahondando y meditando de veras se pueden descubrir todas las falacias y tretas que el ego trama y, al abandonarlas, el Ser resplandece aún en medio de todo lo aparentemente separado, invitándonos a la unidad, a comulgar en esencia y en verdad con todo y con todos... Y de nuevo, plenitud, paz, bienaventuranza, amor, eternidad... Divina Unicidad.