El Terror en la espesura
En el apartado pueblo de Los Tres Zapotes, donde la espesura de la selva se tragaba los límites de la realidad, vivía Juanito, un niño solitario y enigmático. Su silencio y su mirada melancólica ocultaban un secreto aterrador que pronto lo convertiría en una leyenda, una amalgama de misterio, dolor y terror primitivo.
Juanito prefería la soledad al bullicio de los otros niños. Mientras ellos reían y jugaban en el río Bonito, él se apartaba, buscando refugio en la espesura del monte. Un día, sus compañeros, movidos por la curiosidad y la crueldad infantil, lo siguieron, acechándolo desde la maleza. Lo que vieron les heló la sangre: el cuerpo de Juanito estaba cubierto de un espeso pelaje oscuro, y una gruesa cola se balanceaba tras él.
Las burlas no se hicieron esperar. "Juanito el Oso", gritaban, mientras le jalaban la cola y lo tocaban con asco y miedo. La humillación y la rabia se apoderaron de Juanito. Huyó a la seguridad de su padre, con el corazón desgarrado y un odio creciente hacia la humanidad. "Tengo cuerpo de oso y fuerza de oso", le confesó a su padre, "y si me molestan, acabaré quitándoles la vida".