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El mandamiento de no robar brota de un principio que surge desde el interior "No desearás la casa de tu prójimo ni ninguna otra cosa que a él le pertenezca" (Éx 20,17). Se trata de una ley espiritual que afecta al alma, brota del pensamiento y de los propósitos. Según el Señor "Del corazón brota los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios".
(Mt 15,19).

La justicia será amada y vivída desde lo más profundo del corazón, para que se haga realidad en las obras. Para amar la justicia, seremos justos. El comportamiento usual de nuestro tiempo autoriza a aprovecharse de la ingenuidad y debilidad ajena: distraer al prójimo para liarlo con el único objetivo de engañarlo.

Robar es apoderarse de la propiedad ajena, saltándose a la torera la razón y es una ofensa a la justicia, además de a la caridad. El séptimo mandamiento prohibe coger o tener injustamente bienes que, de cualquier modo, puedan perjudicarle.