Una respuesta suave aplaca la ira, una palabra hiriente exacerba el furor.
La lengua de los sabios hace amable la ciencia, pero la boca de los necios rebosa necedad.
Los ojos del Señor están en todas partes, vigilando a los malos y a los buenos.
La lengua afable es un árbol de vida, la lengua perversa hiere en lo más vivo.