Esta mezcla entre documental y ficción hace de Bohemian Rhapsody un producto sobresaliente que divierte. La definición más exacta de la película podría resumirse así: Una set list de 52 millones de dólares. Porque lo que este público realmente espera es rememorar los grandes éxitos, tararear cuando aparezca su canción favorita y terminar con una sonrisa.