Hablamos de la última película de Javier Fesser, comedia dramática con un asunto delicado entre manos: la discapacidad. Los miembros de un equipo de baloncesto con minusvalía en los 80 son los protagonistas de esta historia tierna y necesaria, en la que "el sentimiento de pertenencia al grupo" se revela como fundamental para la integración en la sociedad de aquellos que son diferentes.