Deadpool no es una película comercial al uso, se sale de la tónica del género superhéroe y emana originalidad, tanto en el montaje, como en el guion. El reparto merece un aplauso. Ryan Reynolds a pesar de haber sido un actor limitado en cuando a su arco dramático ha nacido para este papel. Su implacable falta de sensibilidad hasta en los momentos más duros o el querer simular ser un tío duro de Hollywood, le convierten en el personaje perfecto.