Que renuncie a sí mismo
Jueves Cenizas
Evangelio Diario y Meditación
+Santo Evangelio
Evangelio según San Lucas 9,22-25.
Jesús dijo a sus discípulos:
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?
+Meditación Patrística:
San Ambrosio
Constantemente el Señor, a la vez que nos invita a merecer la eterna dicha por la práctica de la virtud, nos enseña a menospreciar las cosas de la tierra. Por ello robustece la humana debilidad, ofreciendo premios por las penalidades de la vida presente. Es cosa ardua tomar la cruz, tener dispuesta el alma contra los peligros y ofrecer el cuerpo a la muerte. También dejar lo conocido por lo desconocido, y raras veces la virtud, aun la más excelsa, abandona las cosas presentes por las futuras. El buen Maestro, para que ninguno se deje abatir por la desesperación o el tedio, promete a continuación a los fieles que lo verán. Diciendo: "Os digo, en verdad: hay algunos aquí que no morirán sin ver el reino de Dios”.
Por tanto, si queremos no temer la muerte, estemos donde está Cristo, pues sólo quienes puedan estar con Cristo, serán los que no puedan gustar la muerte. Del sentido propio de estas palabras puede deducirse que aquellos que merecieron asociarse a Cristo, no experimentarán el menor contacto de la muerte. Ciertamente ellos gustarán la muerte pasajera del cuerpo, pero poseerán la vida permanente del alma. No se niega aquí la muerte del cuerpo, sino del alma.
+Comunión Espiritual
De Santa Margarita María Alacoque
“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado.” Amén.