“La religión”, está presente en nuestras vidas desde que tenemos memoria. Estas cuestiones de la fe, se llevan el poder que le damos, por ser creencias arraigadas en nuestras vidas, desde antes que aterricemos en nuestros destinos. La palabra “religión” ha sido usada muchas veces para referirse a cuestiones y voluntades “sagradas”. Sin embargo, pocas veces, se remite a una cuestión tan sagrada como el contacto primero y urgente de la carne, tal cual es, sexo. El placer que no es solo de la carne, el placer que pertenece, también, a una unión más allá de los miedos y estrechos entendimientos. Muchas de las representaciones simbólicas encontradas en registros escondidos “religiosos” hacen alusión a esta energía entendida como sagrada, la sexualidad. Muchos, predican religión y sus acciones no rinden honor a sus palabras. Otros, alejados de estas cuestiones de fe y de la “religión”, sus acciones hablan por sí mismos, de manera muy “religiosa”.
La bondad y la voluntad, “religiosamente” se encuentra danzando entre lo que galopa empapado de pasión y lo que da vida a la vida, a través de las imágenes de múltiples universos conectados todos, como en un engranaje estupendo, que baila al ritmo de un timón que esta guiado por el misterio más poderoso, nosotros mismos, “todo y UNO”. Más allá de paradigmas reguladores y convenientes, que antes o después acaban lucrando con nuestras almas, e hipotecando nuestra fe, somos todos en UNO, somos “religión”.