ALERTA SINESTÉSICA: esta zambullida está dedicada a un sentido al cual nunca podremos poner palabras justas, y da igual que existan términos tan específicos como "bibliosmia", indicado para designar el aroma que desprenden los libros viejos. Porque por mucho que el campo léxico del OLOR sea más vasto que las praderas norteamericanas, el ejercicio al que nos dedicamos en esta ocasión es una batalla sensual pero perdida de antemano...
Sin embargo, la travesía de hoy no carece de emoción, pues nos precipitaremos por fosas y orificios, arderemos en pos de la esencia, pondremos cara de limón ante la hedentina y nos sentiremos profundamente proustianos. Es lo que tiene el OLOR, pececicos, que aunque indescriptible y volátil, siempre se presenta como cofre celestial, infernal y evocador como pocos... ¡Agarraos a la Aleta para olisquear qué tesoritos musicales hemos añadido a nuestro último mejunje!
Imagen: detalle de "Ellen Terry", obra de George Frederick Watts.