Será porque chistera tal vez venga de chiste por lo que le hizo tanta gracia en un principio. Se la encontró en la calle, un sábado a la noche, encima de un contenedor. Volvía de una cena e iba un poco pasado. Le dio uno de esos arrebatos surrealistas en plan alehop magia potagia y echó las llaves dentro. Y cuál fue su sorpresa cuando, al introducir la mano, ya no estaban. Y no es que hubiera un agujero por el que se hubiesen podido colar. No. El fondo estaba intacto. Y por mucho que hurgó en busca de una rendija que hubiese abducido a su llavero no hubo forma. Tuvo que llamar a la vecina y excusarse por molestarla a esas horas. Y pasar por el trance de que ella imaginase cómo había perdido las llaves al llegar en ese estado.
Aunque cualquiera le decía la verdad.