POEMA CXLV
En la plaza del Triunfo, atardece.
Mil focos iluminan la Catedral,
que sobredorada, entera, parece.
Las palomas, en lo alto, bailan un vals.
Los cofrades avanzan lentamente,
alumbrando, con cera, su caminar.
Súbito, el escenario se estremece.
Sobre una sanguínea alfombra floral,
se eleva la cruz de un Cristo doliente.
Un himno de agudos sones de metal
conmueve el Alma de los concurrentes,
ante el arribo del Cordero Pascual.
El paso, unos instantes, se detiene,
a la vera de la Iglesia Patriarcal,
despertando el fervor de los presentes.
Golpea el llamador y, bruscamente,
con admirable brío magistral,
el trono con el Cristo, al cielo, asciende.
Sigue su Vía Crucis particular;
los ojos, sobre su imagen, se pierden,
mientras se aleja, en duro peregrinar…,
“El Cachorro”, por las calles hispalenses.
"Víctor de Castellar"