Tu amor y el mío, tu vida y la mía, tu mundo,
tu sonrisa y mi tristeza, tus palabras y mi silencio,
tus caminos y mis veredas,
el sol que te alumbra y la noche que me embarga,
el horizonte que divisas.
Tu Dios y mi falta de calor, de fe,
mis pesadillas y tus sueños tan clarividentes,
tus vivencias y mis repetidas muertes,
mi mar y tu playa, mis miedos y tu valor,
tus manos y mis espejos rotos.
Mi casa deshabitada y tu despensa llena
mi balanza inclinada rozando el suelo
y la tuya tocando el cielo.
Todo lo puedes, todo lo ganas, todo es tuyo
y conviertes:
mi vida
mi tristeza
mis veredas
mis noches
mi lejano mirar
mi frío
mis pesadillas
mis muertes
mis olas tan solas
mis reflejos
mis espacios
mi inclinación
-Y tú, que con sólo una mirada
todo lo cambias:
vida efímera por vida eterna,
tristeza por risa constante,
veredas polvorientas por caminos de rosas,
noches por amaneceres,
ceguera por miradas cercanas,
calor por el frío en mis extremidades,
sueños despiertos en vez de dormidos,
y devuelves…
la vida que mueve a mis trigales,
las caracolas en mis playas solitarias
los reflejos dorados en mis espejos vueltos.
Es quien, llenando los huecos, construye
en lo baldío de mis solares vacíos,
llenando los espacios con su voz de silencio,
que con sólo su presencia ausente
se convierte en la creadora
hacedora de toda la luz, de todas las cosas,
y de todo cuanto abarcan mis emociones.
Eres y no estás, pregunto y no hay respuesta,
me callo, y en mi silencio, -que te pertenece-
apareces como de la nada.
Con tus palabras inventadas reclamas
lo que siempre fue tuyo, lo tomas y lo cambias.
Ahora,
si te atreves,
dime que más quieres.