Necesitamos sentir que tenemos el poder sobre nuestra propia vida y, como adultos (padres y educadores), a veces (muchas) también sobre la vida de nuestros hijos y alumnos.
No es malo querer el poder ni tenerlo, lo peligroso es hacer un uso abusivo o nulo del mismo.
¿Dejas al niño y al adolescente que PRACTIQUEN el ejercicio del poder sobre su propia vida?