El apóstol Pablo, en Gálatas 4.4-7, enseña que todos nosotros fuimos adoptados por Dios como hijos. Observemos el vr. 5 (NBD): «Y como ustedes son sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, y por eso lo llamamos “Papá, papá”.»
Si tu y yo tenemos a Dios como el mismo Padre, tu y yo somos `hermanos’.
En Génesis 4, lo que la historia de Caín y Abel nos enseña, en esta ocasión, es el sentido de corresponsabilidad de tenemos unos y otros como hermanos.
Entre las actitudes humanas que agradan más el corazón del Padre Dios, está la de vernos unos a otros como verdaderos hermanos. Nadie que intente llamar a Dios ‘Padre’, podrá ignorar que es precisamente la paternidad de Dios la que nos genera una relación fraterna de hermanos.