Nada es más inevitable que la voluntad de Dios. Sobre ello siempre resuenan las palabras de Romanos 9.16: «Por lo tanto, es Dios quien decide tener misericordia. No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo». Todo lo nuestro está sujeto a Él.
Estos conceptos tienen que ver con la soberanía de Dios, expresada en el Salmos? ?135.6?: «El Señor hace todo lo que él quiere, en los cielos y en la tierra, en los mares y en los abismos profundos».????
Por eso es que, en este mensaje abordamos esa actitud nuestra de decir, y decidir soberanamente, lo que haremos mañana y pasado mañana, cuando Santiago? ?4.15? (NVI) más bien aconseja: «Lo que deben decir es: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”.».???
Pensando en esos planes y gestiones que uno suele hacerse, conviene tener muy presente lo que Jesús señaló en su carta a la iglesia en Filadelfia, en Apocalipsis? ?3.7: «…Así dice el Santo y Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, y cierra y nadie puede abrir».????