A comienzos de 1939 la moral de las tropas que guarnecían el frente de Madrid se encontraba prácticamente hundida ante el devenir general de la guerra y el exiguo racionamiento que cada vez va a menos. Tras la caída de Cataluña se hizo evidente que la guerra estaba completamente perdida y empezó a crecer el rechazo a la política de continuar resistiendo defendida por el gobierno de Negrín y apoyada por los comunistas.
Segismundo Casado, inició el 5 de marzo de 1939 un golpe de estado. Casado había justificado el golpe con la promesa de que obtendría una "paz honrosa" con Franco pero el "Generalísimo", cuyos agentes sólo habían hecho unas vagas promesas a Casado, reiteró que sólo aceptaría la rendición incondicional. Así las "negociaciones" entre los oficiales enviados por Casado a Burgos y los oficiales del Cuartel General del "Generalísmo" se convirtieron en la imposición de la rendición, por lo que en la ofensiva final las tropas franquistas entraron en Madrid el 28 de marzo sin encontrar resistencia alguna (al coronel Casado y al resto de miembros del Consejo Nacional de Defensa, excepto Julián Besteiro que decidió quedarse en Madrid, se les permitió escapar y embarcaron en un buque de guerra británico que les esperaba en el puerto de Gandía). Así terminó el largo sitio de Madrid, el más largo de toda la guerra.