Hoy hemos podido escuchar un motivo suficientemente claro para decidir de una ves por todas corregir aquellos que sabemos a conciencia que está mal y, con esto, ser así intrépidos en la vida cristiana: Hablamos del respaldo que el Señor mismo da a nuestro favor en la medida en que profesamos nuestra fe en él. En Jesús encontramos no sólo la piedra donde podemos cimentar nuestra vida, sino además, la motivación que nos impulsa a seguir, el camino no es fácil, frecuentemente vivimos situaciones que nos pueden hacer caer, en un momento podemos levantarnos y concretar sueños e ideales, pero por otro el peso de los problemas se agudiza y provoca un desanimo. No obstante, el Señor nos pone de manifiesto que el motor que nos pone en moviendo es el Espíritu Santo, pues él nos “enseña lo que debemos decir y hacer”; Es quien ilumina nuestra vida cuando se torna un poco obscura, él inspira las palabras que hemos de usar para dar un buen testimonio, para mostrar en el mundo que es posible amar y ser amados, perdonar y ser perdonados, que es posible ser justos y vivir en honestidad, que es posible ser felices y dar felicidad.