Hechos 9:1 “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,” esta palabra lo que quiere denotar es que Saulo estaba respirando destrucción, daño, él sabía lo que iba a hacer; estaba buscando aprobación. Antes de hacer daño, lo primero que buscamos es aprobación.
Hechos 9:2 “y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén, Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Indiscutiblemente nosotros avanzaremos si no perseguimos a nadie. A nosotros no nos interesa lo que pueda decir el oponente, ni la circunstancias en las nos encontremos; Dios es tan bueno que permite que su Espíritu more dentro de cada uno de nosotros.
¿Qué es lo primero que necesitamos? Un resplandor repentino, y ese no lo vamos a conseguir con las corrientes del mundo. Ese resplandor solo lo vamos a encontrar en la Gloria de Dios. Lo segundo que necesitamos es compromiso; muchos de nosotros decimos “Señor yo necesito, quiero que tu hagas…,” en fin queremos que Él se comprometa con nosotros, pero ¿Cuándo estaremos nosotros a comprometernos con Él?
Tercero, Hechos 9:11 “Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora;” ¿Qué hacía? Oraba; eso hace la diferencia entre los que reciben la respuesta que esperan y los que no. Hechos 9:12 “y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista,” Dios nos quita la venda de los ojos, y nos hace ver mucho más allá de lo que humanamente podemos percibir.
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Bendiciones