Jn 12,20-33: El grano de trigo es, ante todo, Jesús mismo. Como un grano de trigo, Él cayó en tierra en su pasión y muerte, ha reaparecido y ha dado fruto con su resurrección. El “mucho fruto” que Él ha dado es la Iglesia que ha nacido de su muerte, su cuerpo místico.
Potencialmente, el “fruto” es toda la humanidad --no sólo nosotros, los bautizados--, porque Él murió por todos, todos han sido redimidos por Él, también quien aún no lo sabe. El pasaje evangélico concluye con estas significativas palabras de Jesús: “Yo, cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”.