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Description

    En el observatorio astronómico Norte del planetillo Valera, Miguel Ángel Aznar permanecía de pie, absorto e inmóvil, ante una colosal fotografía que estaba suspendida a modo de un telón en un extremo de la grandiosa sala circular, bajo la enorme cúpula de cristal.
    Miguel Ángel Aznar era un joven de 26 años, alto, esbelto, de oscuros e inteligentes ojos y negros y ondulados cabellos. Sobre sus anchos hombros de atleta descansaban holgadamente las charreteras de azul que engarzaban el distintivo más alto a que pudiera aspirar un hijo de la Tierra: los cuatro grandes diamantes en forma de estrella de Almirante Mayor o “superalmirante” de las fuerzas siderales expedicionarias terrícolas, lo cual implicaba a la vez el mando supremo sobre el autoplaneta Valera.
    Unos pasos detrás del superalmirante, un grupo de cuatro hombres y dos mujeres examinaban a su vez la fotografía. Todos los miembros del grupo doblaban en edad a Miguel Ángel, a excepción de una muchacha rubia y de extraordinaria belleza cuyos rasgados ojos, de un singular y hermoso color dorado, estaban clavados en la nuca del superalmirante.
    Miguel Ángel debió notar sobre él el peso de la mirada de su joven esposa, la princesa Ámbar, hija del emperador Tass. Volviose, y al hacerlo de repente sorprendió la expresión amorosa y admirativa de Ámbar.
    - ¿Estás segura, Ámbar? -Preguntó Miguel Ángel arrugando el ceño en un gesto de preocupación-. ¿Crees que es esta galaxia de la Bestia Gris?
    La princesa se encogió de hombros.